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domingo, 15 de noviembre de 2009

sábado, 14 de noviembre de 2009

LIDERAZGO
¿QUÉ ES UN LIDER?

Desde la etimología latina
La palabra “líder” podría encontrar su origen recordemos que este origen es discutido en la partícula “lid”, que proviene del latín lis-litis (nominativo y genitivo latinos, respectivamente). Su significación original en la lengua latina es: disputa, querella o proceso. De esta manera y según su etimología, el líder es quien inicia o se encuentra inmerso en una querella, disputa o proceso. Este significado es verdaderamente interesante pues, coloca al líder, no como alguien con una postura pasiva frente a la realidad, sino como alguien que tiene una postura activa de disputa mediante la cual, se supone, quiere cambiar algo de su entorno inmediato.
Un líder es una persona que guía a otros hacia una meta común, mostrando el camino por ejemplo, y creando un ambiente en el cual los otros miembros del equipo se sientan activamente involucrados en todo el proceso. Un líder no es el jefe del equipo sino la persona que está comprometida a llevar adelante la misión del Proyecto.
Ser Líder tiene un significado especial porque es un gran logro. Nos hace sentir que tenemos el poder de cambiar nuestra vida, la rutina a la que le llamamos: mi existencia.
Ser Líder es conseguir una meta que parece, al principio, un sueño. Es romper paradigmas que han afectado nuestras decisiones y que han hecho que vivamos sin percatarnos de las grandes posibilidades que están a nuestro alcance.
Ser Líder es atestiguar de manera abrumadora e innegable que la vida está llena de oportunidades. Y que somos nosotros con nuestras costumbres comodinas y limitantes mentales, los que la empobrecemos.
Ser Líder es despertar a una nueva oportunidad. Es vivir nuevamente en el paraíso y desechar el valle de lágrimas. Es iniciar una etapa luminosa donde descubrimos la bondad y la capacidad de dicha que encierra el verdadero SER que está en todos.

· EL LIDERAZGO:
El liderazgo es el proceso de influir en otros y apoyarlos para que trabajen con entusiasmo en el logro de objetivos comunes. Se entiende como la capacidad de tomar la iniciativa, gestionar, convocar, promover, incentivar, motivar y evaluar a un grupo o equipo. Es el ejercicio de la actividad ejecutiva en un proyecto, de forma eficaz y eficiente, sea éste personal, gerencial o institucional.
o En primer término, el liderazgo involucra a otras personas; a los empleados o seguidores. Los miembros del grupo; dada su voluntad para aceptar las órdenes del líder, ayudan a definir la posición del líder y permiten que transcurra el proceso del liderazgo; sino hubiera a quien mandar, las cualidades del liderazgo serían irrelevante.
o En segundo el liderazgo entraña una
distribución desigual del poder entre los líderes y los miembros del grupo. Los miembros del grupo no carecen de poder; pueden dar forma, y de hecho lo hacen, a las actividades del grupo de distintas maneras. Sin embargo, por regla general, el líder tendrá más poder.
o El tercer aspecto del liderazgo es la capacidad para usar las diferentes formas del poder para influir en la
conducta de los seguidores, de diferentes maneras. De hecho algunos líderes han influido en los soldados para que mataran y algunos líderes han influido en los empleados para que hicieran sacrificios personales para provecho de la compañía. El poder para influir nos lleva al cuarto aspecto del liderazgo.
o El cuarto aspecto es una combinación de los tres primeros, pero reconoce que el liderazgo es cuestión de
valores. James MC Gregor Burns argumenta que el líder que para por alto los componentes morales del liderazgo pasará a la historia como un malandrín o algo peor. El liderazgo moral se refiere a los valores y requiere que se ofrezca a los seguidores suficiente información sobre las alternativas para que, cuando llegue el momento de responder a la propuesta del liderazgo de un líder, puedan elegir con inteligencia.
"Liderazgo es la influencia interpersonal ejercida en una situación, dirigida a través del proceso de
comunicación humana a la consecución de uno o diversos objetivos específicos".
Cabe señalar que aunque el liderazgo guarda una gran relación con las actividades administrativas y el primero es muy importante para la segunda, el
concepto de liderazgo no es igual al de administración. Warren Bennis, al escribir sobre el liderazgo, a efecto de exagerar la diferencia, ha dicho que la mayor parte de las organizaciones están sobreadministradas y sublidereadas. Una persona quizás sea un gerente eficaz ( buen planificador y administrador ) justo y organizado-, pero carente de las habilidades del líder para motivar. Otras personas tal vez sean líder eficaces – con habilidad para desatar el entusiasmo y la devolución --, pero carente de las habilidades administrativas para canalizar la energía que desatan en otros. Ante los desafíos del compromiso dinámico del mundo actual de las organizaciones, muchas de ellas están apreciando más a los gerentes que también tiene habilidades de líderes.
LIDERAZGO POSITIVO:

El Liderazgo positivo incluye varias cualidades, entre las más importantes están:-Tener motivación y saber transmitirla a los demás
-Ser visionario
-Saber definir prioridades y objetivos claros
-Saber delegar tareas
-Saber administrar y controlar
Primero, hay que ser un líder. Eso quiere decir que hay que tener en cuenta que todos los seres humanos podemos convertirnos en líderes, es obvio que unos desarrollan más sus habilidades que otros, esto se debe, principalmente, debido a su propio esfuerzo.

El liderazgo positivo es no dejarse llevar por las malas influencias, llevar al grupo a ser los mejores o a hacer las cosas de la mejor manera posible, un líder positivo lleva al grupo a sus metas, no aleja a su grupo de ellas.

El liderazgo positivo se basa en ir por el camino del bien y triunfar en todo lo que uno se propone, sin dejar de lado a los demás, sin dejar atrás a personas que desean triunfar, pero no tienen las habilidades que quisieran tener.

En conclusión el liderazgo positivo es un liderazgo que se encamina hacia el bien buscando un futuro mejor para todos.

CARACTERÍSTICAS DE UN LÍDER:
Entendemos el líder por las siguientes
características.
a. El líder debe tener el
carácter de miembro, es decir, debe pertenecer al grupo que encabeza, compartiendo con los demás miembros los patrones culturales y significados que ahí existen.
b. La primera significación del líder no resulta por sus rasgos individuales únicos, universales (estatura alta, baja , aspecto , voz, etc. ).
c. Sino que cada grupo considera líder al que sobresalga en algo que le interesa, o más brillante, o mejor organizador, el que posee más tacto, el que sea más agresivo, más santo o más bondadoso.
d. Cada grupo elabora su prototipo ideal y por lo tanto no puede haber un ideal único para todos los grupos. d) En cuarto lugar. El líder debe organizar, vigilar, dirigir o simplemente motivar al grupo a determinadas acciones o inacciones según sea la necesidad que se tenga. Estas cuatro cualidades del líder, son llamadas también carisma.
e. Por último, otra exigencia que se presenta al líder es la de tener la oportunidad de ocupar ese rol en el grupo, si no se presenta dicha posibilidad, nunca podrá demostrar su capacidad de líder.

2DA PARTE PROYECTO MULTIDISCIPLINARIO

EDUCACIÓN DE JUAN MONTALVO


Don Juan María Montalvo Fiallos, nació en Ambato el 13 de Abril de 1832. Sus padres fueron don Marcos Montalvo y doña Josefa Fiallos; padrino el Coronel don Francisco Flor, Prócer de la Independencia. Sus hermanos: el Dr. Francisco, literato y político, Catedrático de la Universidad Central, dirigió la educación d sus hermanos y modeló sus caracteres. El Dr. Francisco Javier, Jurisconsulto y Literario, Rector del Colegio y Universidad Central, Ministro de Estado y Cortes de Justicia. Al terminar la Instrucción Primaria el niño Juan fue enviado a Quito, a continuar sus estudios. Entró entonces al Convictorio de San Fernando y concluidos los años de Colegio, pasó a la Universidad. En esta época se encontraba su hermano mayor doctor Francisco, quien prodigó una verdadera ayuda a Juan, ya que ocupaba a la sazón un buen sitial en la política, esto sirvió para conseguir su viaje a Europa en el año de 1857, visitó la Ciudad Eterna, París; en esta última desempeñó el cargo de Secretario de la Legación del Ecuador; pero permaneció poco tiempo debido a la inestabilidad de los gobiernos y la agitación política. Se enfermó de artritis, causa para regresar nuevamente a su hogar, debiendo los suyos prodigarle los cuidados que requería.
Se educó en el Convictorio de San Francisco y en el Seminario San Luis, lugares en los que asombró a maestros y alumnos con su gran memoria, dedicación y facilidad de palabra, mas, su educación universitaria quedó incompleta pues nunca se sintió conforme, ni con los textos obligados, ni con hallarse abogado.


RESIDENCIA EN FRANCIA



En Francia se hizo amigo del famoso literato y fabulista Lamartine. Montalvo llegó al Ecuador en 1859 en medio de un verdadero caos en la nación; y como si esto fuera poco, el Perú amenazaba con tomarse el Ecuador desde el Golfo de Guayaquil. Juan Montalvo desde muy joven se dedicó al cultivo de las letras, por tanto sus obras son el producto de su afición y dedicación, tales como: 'Los Siete Tratados', 'Capítulos que se le olvidaron a Cervantes', 'La Dictadura Perpetua', El Cosmopolita', 'Las Catilinarias', 'El Espectador', El Regenerador, Geometría Moral, La Mercurial Eclesiástica'. La crítica coloca a Montalvo entre los autores clásicos ecuatorianos, por la galanura de la corrección; en sus escritos demuestra Montalvo el amor a la libertad, la defensa a la democracia y la divulgación de los conocimientos científicos, en procura de un mejoramiento de la ética social. Al respecto el crítico español do Juan Valera, dice de Montalvo: 'Es un escritor violentísimo, batallador y pendenciero, a quien le agradan los actos y sentimientos más opuestos'. Y, Marcelino Méndez y Pelayo, afirma: 'Montalvo es un sofista agudo, ingenioso, brillante, castizo, aunque pedantesco prosista'.Literalmente Montalvo ha sido y es conocido como el Cervantes de América. (Los principales escritos de Montalvo fueron en contra del régimen de Gabriel García Moreno, después de su muerte, Montalvo manifestó 'Mi pluma lo mató' y prosiguió a escribir 'Las Catilinarias', obra en la que hace una comparación entre García moreno y Veintemilla.)




VINCULOS POLÍTICOS EN EUROPA


El
17 de febrero de 1857, durante el gobierno de Francisco Robles, Montalvo fue nombrado adjunto civil a la legación ecuatoriana en Roma, mientras que Francisco Javier Salazar fue nombrado secretario de la misma. En buena medida este nombramiento se dio gracias a las diligencias de su influyente hermano, el doctor Francisco Javier Montalvo. A mediados de julio llegó a Francia. Aunque el asiento de sus funciones de adjunto civil era Roma, Montalvo se quedó seis meses en París, por causas ajenas a su voluntad. Ahí conoció a don Pedro Moncayo, diplomático ecuatoriano, quien le brindó facilidades para su estímulo intelectual, y a celebridades francesas tales como Lamartine y Proudhon.[]Desde enero hasta agosto de 1858, mantuvo correspondencia con su hermano Francisco Javier destinada a su publicación en el semanario quiteño La democracia, que este último dirigía. Estos escritos, que conformaron una porción muy importante de su futura revista El Cosmopolita, no fueron bien recibidos en el Ecuador. Durante esta etapa en París, Montalvo se volvió melancólico, pues extrañaba su provincia. En Los proscritos, ensayo aparecido en El Cosmopolita, escribió:
La nostalgia consiste en un amor indecible por la patria y un profundo disgusto del país en que se está..., es un deseo de llorar a gritos al mismo tiempo que eso es imposible.[]
También se acentuó su
misantropía, inclinación que tuvo desde sus años de infancia, por hallarse en un medio extraño e indiferente. Su permanencia en París duró tres años, durante los cuales se dedicó a sus estudios, los contactos con personalidades, los paseos urbanos de observación provechosa, la elaboración de páginas literarias, varias aventuras amorosas y breves tareas de oficina. Asimismo, durante este tiempo se le manifestó un agudo reumatismo, cuyos efectos le acompañaron durante el resto de su vida.
Dejó Francia y en enero de
1858 ya se hallaba en Italia. Visitó Roma, disfrutó mucho su visita a Florencia, e igualmente memorables le resultaron sus impresiones de Nápoles, Sorrento, Pompeya y Venecia. De Italia viajó a España, y especialmente le agradó Andalucía; visitó Granada y Córdoba, disfrutando de la arquitectura musulmana de la Alhambra y el Generalife De Granada regresó a París, atravesando La Mancha, donde constató la miseria en que se hallaba la región en ese entonces.




RELACIÓN CON GABRIEL GARCÍA MORENO


Desde 1860 hasta 1875 García Moreno fue el alma de la política ecuatoriana: Montalvo lo atacó sin tregua, primero dentro y después fuera del Ecuador. Contra García Moreno fundó El Cosmopolita. A García Moreno lo sucede Barrero, tenido por liberal, que ofrece un Ministerio á Montalvo: Montalvo no acepta, sino que funda en Quito contra el gobierno otro periódico: El Regenerador. Pocos meses después cae Barrero, derrocado por Veintemilla, que ejercía el cargo de Comandante general de Guayaquil. Montalvo abrió campaña contra Veintemilla. Esta campaña duró lo que el gobierno, del ex Comandante general de Guayaquil: siete años, de 1876 a 1883. Entonces aparecieron las doce Catilínarias, escritas por Montalvo en su destierro de Ipiales, en Colombia.
El 16 de septiembre del año de 1860 inicia Juan Montalvo sus reparos a la política violenta de García Moreno.
Es una carta, suscrita en la Bodeguita de Yaguachi, altiva y comedida, a la vez. Por cierto, no toda ella es una enumeración de principios o de realidades nacionales capaces de ser atendidos en el acto. Persiste el romántico y, al plano áspero de la política pretende llevar la impresionabilidad del adolescente.
Reconoce Montalvo en la carta que lo que acaba de ser extinguido y dispersado no era sino una: "banda" de "gentes sin Dios ni ley". No defiende ni a los Tauras de Urbina y Robles, ni a los peruanizantes de Guillermo Franco, ni a los miserables e incapaces que él ha visto en la vida nacional. Lo que pide es la "rehabilitación" del país y la rehabilitación del propio García Moreno mediante los siguientes hechos principales: defensa de la dignidad nacional, que acababa de ser ofendida gravemente por la expedición del Presidente del Perú al Golfo de Guayaquil; y, "orillado el asunto principal, digo la guerra, como lo ha sido ya, la dimisión de García Moreno ante la República del poder absoluto que tiene en sus manos".
"Guerra al Perú!, aconseja. Si Ud. perece en ella téngase por muy afortunado: no hay muerte más gloriosa que la del campo de batalla, cuando se combate por la honra de la patria... En cuanto a : mí, la suerte me ha condenado al sentimiento sin la facultad de obrar, una enfermedad me postra, tan injusta como encarnizada, para siempre tal vez,. tal vez de modo pasajero; mas por ahora me asiste el vivísimo pesar de no poder incorporarme en esa expedición grandiosa" ... "Empero si Ud. tiene no sólo el poder y el valor para abrir esa campaña, sino también el deber de hacerla, por qué no se " haría?" .
Y la verdad, en tanto, solamente era que, una vez emprendida la "expedición grandiosa" contra el Perú, este pobre país, desangrado y exasperado, habría tenido pleno derecho para volverse contra los que trataban de enviarle al degolladero y fusilarlos.
En cambio, podían anotarse en la carta de Montalvo observaciones propias solamente de un temperamento viril, en medio del silencio general con que se aceptaban los hechos despóticos. El acierto está en la moderación, y fuera de ella no hay felicidad de ninguna clase. Que el poder no lo empeore señor; llame usted a la razón en su socorro... Déjeme hablar con claridad: hay en Ud. elementos de héroe y de suavicemos la palabra, de tirano. Tiene Ud. valor y audacia, pero le faltan virtudes políticas, que si no procura adquirirlas a fuerza de estudio y buen sentido, caerá, como cae siempre la fuerza que no consiste en la popularidad": Y al pedido de la dimisión del poder, para dejarle en libertad a la República, agregaba: "Si los pueblos en pleno uso de su albedrío quieren confiarle su suerte, acéptelo, y sea buen magistrado; si le rechazan, resígnese y sea buen ciudadano".
García Moreno sabía muy bien que se trataba del hermano menor de uno de los partidarios y amigos de Urbina, a quien perseguía activamente. Sin embargo, reconociéndole ingenuidad y talento, le perdonó las frases enérgicas de la carta, limitándose a sonreír.
El Jefe Supremo operaba, como un cirujano, en la carne viva de las realidades del momento. Montalvo debió de parecerle, tanto por la iniciación para marchar contra el Perú en "expedición grandiosa", como por los consejos del "pleno uso de su albedrío por los pueblos" donde García Moreno no veía sino una mayoría inmensa de masas analfabetas y apolíticas, o un romántico o un retórico.




RELACIÓN CON VEINTIMILLA


Montalvo procuraba ser justo y no acusaba a sus adversarios de delitos que no cometieron. Por poner un ejemplo, cuando se enteró en Ipiales de rumores de un asalto a los fondos públicos, por parte de Veintemilla, escribió a su fraternal amigo Rafael Portilla: "Es preciso que seamos exactos en los cargos: deseo saber a ciencia cierta qué hay en esto, con las cantidades fijas. No olvide por nada este punto ni lo exajeren [sic], ni lo desfiguren".
Entre los numerosos pasajes de esta obra que vituperan a Veintemilla, podemos destacar la segunda catilinaria. Montalvo distingue entre los
tiranos y los simples malhechores, afirmando que Veintemilla pertenece a este segundo grupo, por las cosas que hace y sus cualidades de bribón.
De creerlo necesario podía mostrarse cruel y era capaz de traicionar. Consumía prodigiosas cantidades de cognac. Era un gran jaranero y dormilón y un tahúr de primera. La ambición y la codicia fueron sus pecados capitales. Montalvo lo caricaturizó en Las Catilinaria: "Los ojos chiquitos, los carrillos enormes, la boca siempre húmeda con esa baba que le está corriendo por las esquinas; respiración fortísima, anhélito que semeja el resuello de un animal montés; piernas gruesas, canillas lanudas, adornadas de trecho en trecho con lacras o costurones inmundos; barriga descomunal, que se levanta en curva delincuente, a modo de preñez adúltera; manazas de gañán, cerradas aun en sueños, como quienes estuvieran apretando el hurto consumado con amor y felicidad: la uña, cuadrada en su base, ancha como la de Monipodio, pero crecida en punta simbólica a modo de empresa sobre la cual pudiera campear este mote sublime: Rompe y rasga, coge y guarda. Este es Ignacio Veintemilla, padre e hijo de la pereza".




CONSECUENCIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO DE MONTALVO


Montalvo era un
idealista y le desagradaba la realidad política del Ecuador. Fiaba de la moral y de los principios como base del funcionamiento de la nación, y le preocupaba mucho destacar la importancia de las dotes morales de los políticos, cuando en realidad tanto los conservadores como los liberales tenían defectos. Por eso el profesor Louis Arquier afirmó que “Cada vez que habla de política el articulista se enfrenta con una contradicción, el tema le atrae y le repele a la vez”.[]
Montalvo era muy respetuoso de las leyes, pero le molestaba el hecho de que algunas fueran injustas. En
El Cosmopolita atacaba a los legisladores que creaban o derogaban leyes a su conveniencia:
Un diputado tiene las mercaderías en camino para la aduana, proyecto de ley rebajando los derechos anexos a esas mercaderías. A la nación le importa esa rebaja. Otro diputado es dueño de una fábrica en que se elabora cierto artículo, proyecto de ley reduciendo la pensión impuesta a ese artículo. A la República le importa por entonces aquella reducción.
También despreciaba la tiranía, a la que se refería, entre otras formas, como "el abuso triunfante, soberbio, inquebrantable"
[60] En su opinión, para que haya tiranía necesariamente debía haber un pueblo dispuesto a soportarla, ya sea por timidez o apatía; así, el pueblo era tan culpable del establecimiento de una tiranía como el mismo tirano. Su posición liberal le llevó a oponerse a cualquier régimen que no haya sido elegido por sufragio, aunque llegó a oponerse al voto popular si el país no gozaba de sus libertades.
Respecto a los derechos de las personas, defendió en varias ocasiones los derechos de la mujer. También defendió los derechos de los indígenas y los negros, más por su idea de igualdad de todos los hombres ante
Dios que por simpatía hacia ellos, pues probablemente tenía prejuicios raciales. Consciente de la gran responsabilidad que pesaba sobre los intelectuales con respecto de los problemas sociales de los indígenas, afirma:
No, nosotros no hemos hecho este ser humillado, estropeado moralmente, abandonado de Dios y la suerte; los españoles nos lo dejaron, como es y como será por los siglos de los siglos.
Montalvo en pocas ocasiones se refería a los militares. Pensaba que la historia y la guerra son inseparables y se limitaba a discernir entre guerras justas e injustas. Asimismo, como hombre de su época no permanecía insensible ante el aspecto heroico de las luchas y la grandeza que hay en despreciar la propia vida en aras de un ideal.
La consecuencia fue la revolución contra el presidente actual de esa época Gabriel García Moreno, causó además la muerte del mismo por escribir sus libros donde lo atacaba y criticaba constantemente, el fue el principal liberalista que logró con sus escritos derrocar al gobierno de García Moreno.





COSMOPOLITA


La publicación de El Cosmopolita pasa por tres etapas relacionadas con su contenido: los 3 primeros números, de enero a mayo de 1866, tras la primera presidencia de García Moreno; el número 4, el más apartado de la situación del momento, editado tras 14 meses de silencio, el 7 de agosto de 1867; y los 5 últimos números, aparecidos entre el 5 de noviembre de 1868 y el 15 de enero de 1869, en los cuales Montalvo intentaba a toda costa evitar que García Moreno vuelva a subir al poder.
Sin embargo, El Cosmopolita no es un mero testimonio de la lucha que sobrellevó Montalvo contra García Moreno. Montalvo trató también sobre
España, América, Ecuador, La mujer, el clero, el militarismo, etc. Se trata pues de una obra universal porque abarca temas pertinentes a todos los ámbitos.
Primera etapa
En el primer cuaderno de El Cosmopolita, Montalvo acomete contra García Moreno por sus abusos de poder y condena la opresión. Se refiere luego a la libertad de imprenta y al obligado silencio de la prensa durante su gobierno. Menciona además su estadía en
Europa, una literaria descripción de su visita a Roma y sobre todo de evocación de la Roma antigua, así como algunos otros artículos de carácter político y sociológico.[]
La publicación del primer cuaderno de El Cosmopolita causó controversia. Los partidarios de García Moreno desataron una furiosa campaña contra Montalvo. Por ejemplo, el
26 de enero de 1866, apareció el segundo número del periódico conservador El Sudamericano, el cual dedica largas columnas de dura crítica al Cosmopolita, tratando de llevar a la picota de la burla a su autor. En otro número del mismo periódico se dedican tres páginas, bajo el título de "Reglas de Gramática", a analizar y criticar la estructura gramatical de los escritos de Montalvo. Tan dura y mordaz fue la ola de crítica que provocó el primer cuaderno de El Cosmopolita que Pedro Fermín Cevallos escribió: “¡Pobre Montalvo! Se hundió para siempre, está enterrado. Y lástima porque parecía bastante hábil el jovencito".
El segundo número de El Cosmopolita, que aparece en mayo del mismo año, está en su mayor parte dedicado a refutar a sus enemigos y adversarios. Dirigiéndose a los colaboradores de El Sudamericano, les comprueba que se ha servido de las mejores fuentes del idioma:
Cervantes, Bello, etc.[
Segunda etapa
Después de publicar el tercer número de "El Cosmopolita", sea por dificultades editoriales, por estrechez económica u otras razones, Montalvo regresa a Ambato y ahí temporalmente se dedica al estudio, la meditación y a escribir una serie de ensayos que constituyen el material del libro cuarto, el más extenso. Montalvo deja de lado la política, para entrar en el campo de la historia, la sociología, la filosofía y la crítica del arte, con una serie de artículos que, al decir de su propio autor, constituyen una "humilde enciclopedia".
El libro cuarto contiene, además, la primera de sus Lecciones al pueblo.
Tercera etapa
Durante el último trimestre de 1868, se preparaba en Ecuador una nueva contienda electoral. Los conservadores candidatizaron a Gabriel García Moreno, mientras que los liberales candidatizaron a Francisco Javier Aguirre. Montalvo regresa presuroso a
Quito para reiniciar su campaña contra García Moreno. Así, el 4 de noviembre de 1868 hizo circular una hoja volante, en la que anunciba que al día siguiente reaparecería el Cosmopolita. El libro quinto contaba con varios ensayos, entre ellos uno sobre el terremoto de Ibarra, dedicado a Víctor Hugo. También contiene el primer artículo político de una serie publicada bajo el epígrafe de El nuevo Junius.
En el libro octavo, dedica el tercer artículo de El nuevo Junius a analizar el programa de gobierno propuesto por García Moreno. El 15 de enero de 1869 apareció el último número de El Cosmopolita, que contenía el número cuatro de El nuevo Junius, que exaltaba las vitudes y la misión del soldado, para prevenir un
golpe de Estado por parte de García Moreno. Sin embargo, al día siguente, antes de que el libro noveno de El Cosmopolita llegue a los soldados, García Moreno derrocó al presidente Espinosa y se proclamó "Jefe Supremo".


LOS SIETE TRATADOS



Montalvo inicia este tratado afirmando que, aunque todas las razas humanas tienen grandes diferencias, su origen es único. Toma como referencia a Montesquieu y su estudio sobre la influencia climatológica en el desarrollo de los rasgos distintivos de las razas, aunque no concuerda con su criterio de que todas las diferencias raciales sean provocadas, simplemente, por cambios del clima. Esto sirve de introducción a su estudio sobre la nobleza:
Puesto en controversia el origen único de la especie humana, no habría cosa que dificultar en orden a la desigualdad de las clases, y la nobleza de la sangre vendría a ser prerrogativa natural y esencial en las que la reclamasen y poseyesen a justo título. Si admitimos empero una sola cuna para todos los mortales, el principio de la nobleza lo hemos de buscar en otra parte.
En seguida estudia diferentes nociones de nobleza a lo largo de la historia. Empieza refiriéndose a "los fundadores de las primeras noblezas del mundo", es decir aquellos a quienes "el vuelo de la inteligencia y la fuerza del corazón los levantaron al primer peldaño en esa alta gradería que los hombres han fabricado para ponerse unos sobre otros", aunque luego nota que la nobleza sale de la plebe y vuelve a ella, por lo que formula una
pregunta retórica: "Cuántos descendientes de reyes componen hoy la hez del pueblo en las naciones de la tierra?".
Menciona que ciertos nobles tuvieron orígenes humildes, como en el caso de
Temístocles en Atenas y Camilo en Roma. Luego afirma: "la nobleza tiene, pues, origen noble, como que ha nacido del talento y el valor, prendas de la naturaleza humana". Después se refiere al hecho de que la nobleza a veces se fundamenta en la riqueza:
En nuestros tiempos las riquezas son el fundamento de la nobleza: el mundo ha pasado por la cola de un cometa y ha perdido la vista: ahora no vemos como veían los antiguos, esos patriarcas venerables que cabalgaban en asnos y andaban el pie desnudo.
Y exclama "Ah, si se les corrompieran las riquezas a los ricos!". Según Montalvo, la nobleza puede ser adquirida, y se la puede perder por el mismo caso: "Todo el que incurre en caso de menos valer aplebeya su sangre: el infame no puede ser noble: hay también incompatibilidad entre el señorío y la dignidad. Los que dan principio a su enriquecimiento con lucros despreciables, grangerías [sic] ruines, no son, no pueden ser nobles".
En definitiva, para Montalvo, la verdadera nobleza, la
nobleza digna, la nobleza que debe ser admirada, elogiada y distinguida, nace del ser humano y no con el ser humano; se hace, no se hereda. Según sus propias palabras, "En estas consideraciones se fundó, sin duda, la más sabia de las sectas de filosofía, cual era la de los estoicos, para sentar este principio: No hay más nobleza que la de las virtudes".



LAS CATALINARIAS



Durante los doce ensayos que componen la obra, Montalvo va realizando una despiadada crítica a la figura de Veintemilla al que tacha de inculto y salvaje. Va elaborando también una descripción de la sociedad ecuatoriana de su tiempo, sin ahorrar críticas a otros políticos o a sectores del clero. Encontramos además numerosas referencias a la sociedad europea de la época, que Montalvo conocía muy bien por haber residido varios años en España y Francia. También son frecuentes las citas a obras literarias y a episodios mitológicos para completar la crítica a Veintemilla.
El título lo toma de Cicerón y su famosa peorata hacia Catilina ("¿Hasta cuándo Catilina, abusarás de nuestra paciencia?"); extrapolándola la política ecuatoriana; algo así como arengado y preguntando a Ignacio de Veintemilla: "¿Hasta cuándo Ignacio, abusarás de nuestra paciencia?". Cada capítulo contiene, a su vez, "el mote de la empresa de Don Fernando el Católico": "Tanto monta, monta tanto".
Temas tratados
La primera catilinaria trata de la libertad, las leyes, la disciplina y el orden, a la vez que, muy sagazmente, da lecciones léxicas al discutir algunos fenómenos fonéticos o al exponer palabras mal usadas. En la segunda define lo que es tirano y
tiranía. En la tercera instiga a que el pueblo, especialmente el de Guayaquil, se levante y deponga al gobierno. Hace también un recuento de los dictadores hipanoamericanos. La cuarta catilinaria acomete contra Urbina y Borrero. La quinta catilinaria es moralista; dice Montalvo que "Cada vicio es una caída del hombre" y luego analiza algunos de ellos. En la sexta, Montalvo defiende el propósito de su obra, y discute el concepto de civilización y barbarie.
En la séptima catilinaria, con espíritu didáctico, presenta las ventajas de la educación, y analiza el sistema educativo, comparándolo con aquel de otros países. Nota que "el clero ha sido factor positivo en el desarrollo de la educación en muchos países, mas no en el Ecuador donde por el contrario ha servido de óbice al desarrollo libre del pensamiento". Termina esta catilinaria reproduciendo un discurso de su autoría en el que se aboga por los derechos de la mujer. En la octava, además de continuar tratando el tema de la educación, se preocupa de recalcar los bienes de la cultura. En la novena se refiere a los centros de educación. En la décima y undécima enviste con fervor contra Borrero. En la útlima catilinaria discurre sobre las edades, elogia la juventud, e instruye al soldado con agudo proselitismo de ganarse la volutndad de éste para derrocar al gobierno.



CONCEPTO DE LIBERTAD
JUAN MONTALVO Y LA IDEA DE LIBERAD



La “libertad” es una de las ideas vertebrales de la vida y obra de Don
Juan Montalvo, no solo como concepto filosófico que fundamenta su
pensamiento y principio espiritual inspirador del desarrollo de su brillante y
prolífica obra, sino como ideal y causa de su militancia política; y lo que es
más, como esencia de su individualidad, conforme lo puntualiza en el
séptimo capítulo de EL ANTROPÓFAGO: donde escribe: “nací libre: al salir al
mundo recibí el baño de la libertad, y en mi alma resplandeció una aurora
divina, anuncio del favor con que la ley de redención quiso protegerme. Nací
libre, por eso lo soy; nací libre, por eso no gimo bajo el yugo de la servidumbre,
y mi alma se encumbra por las regiones altas, al paso que mi cuerpo se
contonea sin temor de cadenas ni mordaza” 1. Para Juan Montalvo la libertad
trasciende el ámbito de la inmediatez de lo político, lo social o lo económico.
La libertad es consustancial al ser humano: “Somos libres porque lo somos,
no porque un individuo consiente en que lo seamos mientras a él le agrade” 2.
En esta declaración Montalvo fundamenta su libérrimo pensamiento. El ser
humano no debe su libertad a otro miembro de la especie, por poderoso que
él sea. La libertad no nace de la voluntad de nadie, sino de la propia
espiritualidad de la especie. Ser concebido y nacer es condición suficiente
para que la libertad exista. La enfática declaración montalvina no admite
subterfugios ni ambigüedades y constituye un grito de guerra contra
cualquier pretensión que trate de desvirtuar a la libertad disfrazándola como
gracia o regalo de algún señor. Libertad no es benevolencia ni dádiva, no es
favor ni concesión; libertad es derecho innato e inalienable del ser humano;
es su atributo congénito e inmanente, en virtud del cual, está plena y
absolutamente autorizado a luchar con todo su coraje y energía contra
cualquiera que pretenda atropellarla.
TRES DIMENSIONES DE LA LIBERTAD
En EL REGENERADOR, Juan Montalvo distingue los tres planos de la
libertad: “La libertad natural la tenemos del Altísimo, la personal de la
naturaleza, la política de la sociedad humana” 3. En estas tres dimensiones
de la libertad, compendia la confluencia de lo espiritual, lo material y lo
social, son los tres planos intrínsecos de la existencia humana, de los que
nadie puede escapar ni prescindir. En su individualidad el ser humano se
reconoce a sí mismo como parte de la universalidad, él está en todo y todo

DEMOCRACIA DE J MONTALVO
La democracia directa, también denominada democracia radical o democracia cara a cara, es un mecanismo en el que cada una de las personas asociadas a determinada agrupación pueden exponer en igualdad de poder sus puntos, iniciativas y propuestas actuando directamente sobre ella y dirigiéndola en equipo. Hace énfasis en la decisión y el cumplimiento común de acuerdos mutuos, siendo entonces una forma de democracia en la que los miembros de una asociación (laboral, empresarial, ciudadanía local) participan directamente en el proceso de toma de decisiones políticas, cada asociado representándose a sí mismo en igualdad de derechos y obligaciones.
Al oponer democracia directa a democracia representativa, se rechaza a todo representante que pretenda hablar en nombre de otros, actuar en su lugar o en su interés.
Despotismo
El despotismo es un gobierno de una
autoridad singular, una persona o un grupo de personas estrechamente relacionadas, que gobiernan con poder absoluto. A dichos gobernantes se les denomina déspotas. La palabra insinúa reinado tiránico; supone una forma de gobierno que impone control absoluto de todo ciudadano.
Un término relacionado es despotismo benevolente o despotismo ilustrado, el cual se refiere específicamente a una forma de gobernación que llegó a ser prominente en el
siglo XVIII. En esta instancia, los monarcas absolutos usaban su autoridad para instituir varias reformas en la estructura política y social en sus patrias. Este movimiento probablemente fue influido grandemente por los principios de la Ilustración.
Aunque la palabra actualmente lleva una connotación negativa, originalmente era una posición legítima en el
Imperio Bizantino. El título despotēs se otorgaba a los miembros de la casa imperial. Esta tradición empezó con el futuro rey Béla III de Hungría, como el futuro yerno y heredero del emperador bizantino, Manuel I Comneno en 1163. Según Gyula Moravcsik, el título fue una simple traducción del título húngaro de Béla "úr", pero otros historiadores creen que viene del título romano dominus.
Tiranía
La Tiranía (del
griego τυραννία), en el sentido que se dio al término en la Grecia antigua, era el régimen de poder absoluto, de ordinario unipersonal, que con frecuencia instauraba el tirano, aquel o aquellos que habían derrocado el gobierno de una ciudad-estado, normalmente gracias al apoyo popular, pero también mediante un golpe de estado militar o una intervención extranjera. Así, el tirano ocupaba el poder no por derecho, sino por la fuerza. Para la mentalidad moderna, la tiranía se identifica con un uso abusivo y cruel del poder político que se ha usurpado, pero entre los antiguos griegos, sin embargo, el término no estaba tan cargado de connotaciones peyorativas, y a menudo tenía mucho que ver con la demagogia y el populismo. Para los griegos incluso el término tuvo en principio una connotación positiva y muchos tiranos eran queridos y muy populares entre los ciudadanos de las polis, la metrópolis y las menores que eran administradas por éstas. Con el tiempo las tiranías se convirtieron en un sistema político muy recurrente por autoritaristas que se apoyaban en la nobleza de la ciudad para hacerse con el poder. En este momento en el mundo griego el término griego era empezado a odiarse e identificarse con la tiranía.
Esclavitud
Esclavitud es la situación en la cual un
individuo está bajo el dominio de otro, perdiendo la capacidad de disponer libremente de sí mismo.
El fenómeno de la esclavitud se remonta a las civilizaciones antiguas. Históricamente se ha demostrado que su
razón de ser radica en el fortalecimiento y sostenimiento de la actividad económica, ya que normalmente los esclavos eran empleados como mano de obra, aunque hay excepciones, como los jenízaros, o cierta tribu africana que raptan algunos individuos de otras tribus y los drogan con tal decaimiento de sus funciones que sólo son usados como instrumentos sexuales, haciendo tal menoscabo de su físico aún estando bien alimentados que acaban falleciendo.
Es de notar que en la naturaleza también se da la esclavitud, como ejemplo ciertas hormigas que roban ninfas de otras razas de menor tamaño y las hacen trabajar para su provecho.
Claro es el ejemplo de la
colonización de América o las prácticas del antiguo Imperio Romano además de los planteamientos políticos de la Grecia Antigua donde el mismo Aristóteles sostiene que la esclavitud es un fenómeno natural. Mintz y Elkins consideran que existe una relación recíproca entre capitalismo y esclavitud, ellos evidencian que conforme varía dinamismo del capitalismo, el carácter represivo de la actividad laboral también varía. Otros investigadores como Lester Thurow sostienen que mientras la democracia es incompatible con la esclavitud, el capitalismo no lo es, por lo que la esclavitud suele reaparecer en la misma proporción que avanza las formas autoritarias de gobierno.[1]
El Día Internacional del Recuerdo de la Trata de Esclavos y de su Abolición se celebra el 23 de agosto, mientras que el Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud se celebra el 2 de diciembre.
También se entiende por esclavitud la condición de personas sujetas a los designios de otras sin opción a réplica, discrepancia, decisión o protesta.
La belleza es una característica de un
ente real, imaginario o ideal cuya percepción constituye una experiencia de placer, revelación de significado, o satisfacción. La belleza es estudiada como parte de la estética, la sociología, la psicología social y la cultura. Como creación cultural, la belleza ha sido muy comercializada. Una «belleza ideal» es una entidad que es admirada o posee características ampliamente atribuidas a la belleza perfecta en una cultura particular.
La percepción de la «belleza» a menudo implica la interpretación de alguna entidad que está en equilibrio y
armonía con la naturaleza, y puede conducir a sentimientos de atracción y bienestar emocional. Debido a que constituye una experiencia subjetiva, a menudo se dice que «la belleza está en el ojo del observador».[1] En su sentido más profundo, la belleza puede engendrarse a partir de una experiencia de reflexión positiva sobre el significado de la propia existencia.
Tipos de nobleza
Nobleza inmemorial (en sentido estricto): La cual se refiere aquellas grandes familias cuyos orígenes se remontan a la época de la caída del Imperio Romano. Estas familias son, por ejemplo, las ramas descendientes de los de Vasconia y de los duques de Septimania. Es decir, la casa de Béarn, de Bigorre, de Cominges, de Carcassonne, de Beziers, de Foix, de Toulouse, de Rouergue, de Turenne, de Limoges... Esta nobleza ni se otorga ni se puede acceder a ella. Es la nobleza real, ya que el resto de los tipos de nobleza se refiere a personas que adquirieron los títulos de nobleza por concesión de un Soberano.
Nobleza de privilegio: La que concedía el monarca de cada nación o Estado como recompensa de servicios prestados al Estado o acciones gloriosas, pudiendo ser personal o transmisible.
Personal cuando se concede únicamente a un sujeto para que de ella goce mientras viva y desaparece con su fallecimiento.
Transmisible cuando la tenencia es para la persona a quien se otorga y para sus descendientes de forma que pasa a todos los grados en línea recta de varón en varón.
Nobleza de sangre: Nobleza heredada de los mayores, es decir la que viene por
linaje. Cuando esta nobleza se lleva transmitiendo desde tiempos anteriores a los registros existentes, también se denomina Nobleza Inmemorial (es sentido amplio).[1] Es el caso de la mayoría de hidalgos, que disfrutaban de su rango sin precisar de documento de concesión o Carta Ejecutoria de Hidalguía.
Otro criterio es el que distingue a:
Alta nobleza, los
grandes de España o pares de Francia y los títulos (duques, marqueses, condes).
Baja nobleza, que en España está representada por los
hidalgos, escuderos, infanzones, etc., que únicamente disfrutaban de su condición privilegiada, pero no tenían por qué tener rentas para sostener un modo de vida compatible con tal condición.
La condición de
señor de un señorío o feudo, dependiendo del tamaño o riqueza de éste, normalmente daba los recursos necesarios para mantener una forma de vida compatible con la nobleza: es decir, el no trabajar. El grado de caballero, que normalmente coincidía con la pertenencia a una Orden Militar u Orden de Caballería, podía proporcionar rentas suficientes o no (había caballeros de mogollón, a los que había que mantener en la sede de la orden). Otras situaciones por las que un noble podía adquirir rentas que le permitieran acceder a la alta nobleza eran la posición en la Corte —nobleza cortesana—, o en la guerra, aunque la función militar de la nobleza, muy importante en la Edad Media, se perdió en la Edad Moderna con el ejército profesional o mercenario.
Características
Algunas de las características de esta clase social eran que no pagaban determinados impuestos, tenían grandes extensiones de tierras y gran cantidad de campesinos o siervos que trabajaban para ellos. Si un siervo lograba sobrevivir durante un año y un día lejos de su señor podía conseguir la libertad.
Los nobles poseían castillos y armas, disponían de tiempo libre para la caza, la pesca, o incluso para organizar
torneos como las justas o combates con espadas en tiempos de paz. En el caso de estallar algún tipo de conflicto armado, estaban obligados a ponerse al servicio del rey para las guerras.
En
España sus prerrogativas estaban reguladas por las leyes (fundamentalmente en Las Partidas y la
Nobleza
La Nobleza era una de los tres
estamentos medievales y del Antiguo Régimen, junto con el clero y el tercer estado. Su carácter preponderante fue prácticamente abolido en la esfera política, ante la ausencia de legitimidad de su dominio, frente a los argumentos ilustrados. En el ámbito social su influencia se mantuvo, aun después de las Revoluciones burguesas y proletarias, no obstante las permanentes presiones por eliminar una distinción introducida entre seres humanos esencialmente iguales.
República (del
latín res publica, «la cosa pública, lo público»), en sentido amplio, es un sistema político caracterizado por basarse en la representación de toda su estructura mediante el derecho a voto. El electorado constituye la raíz última de su legitimidad y soberanía. Muchas definiciones, como la de Encyclopædia Britannica de 1911, resaltan también la importancia de la autonomía y del Derecho (incluyendo los derechos humanos) como partes fundamentales para una república.
Intolerancia (sociología)
La intolerancia se define como la falta de la habilidad o la voluntad de tolerar algo.
En un sentido social o político, es la ausencia de tolerancia de los puntos de vista de otras personas. Para un principio social, es demasiado abierto para interpretación subjetiva debido al hecho de que hay una lista de definiciones sin fin para esta idea.
En este último sentido, la intolerancia resulta ser cualquier actitud irrespetuosa hacia las opiniones o características diferentes de las propias. En el plano de las ideas, por ejemplo, se caracteriza por la perseverancia en la propia opinión, a pesar de las razones que se puedan esgrimir contra ella. Supone, por tanto, cierta dureza y rigidez en el mantenimiento de las propias ideas o características, que se tienen como absolutas e inquebrantables (FERRATER MORA, José. Diccionario de filosofía, Ariel, Barcelona, 1980, p. 3267).
Tiene por consecuencia la
discriminación dirigida hacia grupos o personas (que puede llegar a la segregación o a la agresión) por el hecho de que éstos piensen, actúen o simplemente sean de manera diferente. Las múltiples manifestaciones de este fenómeno poseen en común la elevación como valor supremo de la propia identidad, ya sea étnica, sexualidad, ideológica o religiosa, desde la cual se justifica el ejercicio de la marginación hacia el otro diferente. El intolerante considera que ser diferentes equivale a no ser iguales en cuanto a derechos.
Podríamos distinguir también una doble vertiente en la intolerancia. Por un lado estarían los grandes casos de la
historia, más o menos conocidos por todos. Pero también es un fenómeno sutil que puede identificarse continuamente en cualquier entorno. La intolerancia, pues, tendría una segunda vertiente más cercana, la cual se halla presente en la vida cotidiana.
La intransigencia para con los demás, para con los diferentes escoge distintos objetos. En cualquier caso, siempre supone una diferencia respecto a lo considerado normal o correcto por quienes juzgan. Acá esperan ser resueltos y desarrollados muchos conceptos, empezando por aproximarnos a un metalenguaje en el que cualquier cultura quiera definir los términos o conceptos.
La intransigencia es la diferencia en el prójimo, ya se base ésta en características de
género, culturales, ideológicas o religiosas, contra lo que arremete el intolerante. Formas comunes de intolerancia son el racismo, el sexismo, homofobia, la intolerancia religiosa y la intolerancia política.
Lo práctico acaso sería atacar el problema REAL (identificar y desarrollar la forma de la "intolerancia de la intolerancia") y no atacar a los bandos; pues al tomar partido, se pudiera ser cómplice de los disparos o de los muertos que se den: "Donde no hay coexistencia hay codestrucción" (Rabindranath Tagoré, premio Nobel de la India)
El fanatismo es una
pasión exacerbada, desmedida y tenaz, particularmente hacia una causa religiosa o política (y hasta deportiva), o hacia un pasatiempo o hobby.
Consta de una apasionada e incondicional adhesión a una causa, un entusiasmo desmedido y monomanía persistente hacia determinados temas, de modo obstinado, algunas veces indiscriminado y violento.
El fanatismo puede referirse a cualquier creencia afín a una persona o grupo. En casos extremos en los cuales el fanatismo supera la
racionalidad, puede llegar a extremos peligrosos, como matar a seres humanos o encarcelarlos, y puede incluir como síntoma el deseo incondicional de imponer una creencia, considerada buena para el fanático o para un grupo de los mismos.
Derechos Humanos
Para el artículo referente a la declaración de la
ONU sobre los derechos humanos, véase Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Derechos humanos. Pintura mural en
Saint-Josse-ten-Noode (Bélgica). El texto resume los artículos 18 y 19 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.
Los Derechos Humanos son, de acuerdo con diversas filosofías jurídicas, aquellas
libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos[1] que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna. Son independientes de factores particulares como el estatus, sexo, etnia o nacionalidad; y son independientes o no dependen exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente. Desde un punto de vista más relacional, los derechos humanos se han definido como las condiciones que permiten crear una relación integrada entre la persona y la sociedad, que permita a los individuos ser personas, identificándose consigo mismos y con los otros.[2]
Habitualmente, se definen como inherentes a la persona, irrevocables, inalienables, intransmisibles e irrenunciables. Por definición, el concepto de derechos humanos es universal (para todos los seres humanos) e igualitario, así como incompatible con los sistemas basados en la superioridad de una casta, raza, pueblo, grupo o clase social determinados.[3] Según la concepción iusnaturalista tradicional, son además atemporales e independientes de los contextos sociales e históricos.[4]
Los derechos humanos, herederos de la noción de derechos naturales,[5] son una idea de gran fuerza moral[6] y con un respaldo creciente.[7] Legalmente, se reconocen en el Derecho interno de numerosos Estados y en tratados internacionales. Para muchos, además, la doctrina de los derechos humanos se extiende más allá del Derecho y conforma una base ética y moral que debe fundamentar la regulación del orden geopolítico contemporáneo. La Declaración Universal de los Derechos Humanos se ha convertido en una referencia clave en el debate ético-político actual, y el lenguaje de los derechos se ha incorporado a la conciencia colectiva de muchas sociedades.[7] Sin embargo, existe un permanente debate en el ámbito de la filosofía y las ciencias políticas sobre la naturaleza, fundamentación, contenido e incluso la existencia de los derechos humanos;[8] y también claros problemas en cuanto a su eficacia, dado que existe una gran desproporción entre lo violado y lo garantizado estatalmente.[9]
La doctrina ha realizado un importante esfuerzo por clasificar y sistematizar los derechos humanos. Normalmente se dividen en dos categorías: derechos positivos y derechos negativos. Los derechos negativos, como el derecho a la intimidad, se definen exclusivamente en términos de obligaciones ajenas de no injerencia; los derechos positivos, por el contrario, imponen a otros agentes, tradicionalmente –aunque ya no de manera exclusiva– el Estado,[10] la realización de determinadas actividades positivas.[11] Otra clasificación muy extendida es la que ordena los derechos humanos en tres o más generaciones, atendiendo por lo general al momento histórico en que se produjo o produce su reivindicación.
Justicia social
La justicia social comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables de acuerdo al tipo de organización de la sociedad en general, o en su caso, de acuerdo a un colectivo social determinado. Comprende por tanto el tipo de objetivos colectivos que deben ser perseguidos, defendidos y sostenidos y el tipo de relaciones sociales consideradas admisibles o deseables, de tal manera que describan un estándar de justicia legítimo. Un estándar de justicia sería aquello que se considera más razonable para una situación dada. Razonable significa que determinada acción es defendible ante los demás con independencia de sus intereses u opiniones personales, esto es, desde una perspectiva imparcial; así, para justificar algo hay que dar razones convincentes que los demás puedan compartir y comprender. Así entendido, el concepto es análogo a la definición de Estado como orden normativo de Hans Kelsen, la diferencia radica en que la justicia social habla de las normas razonables e imparciales, mientras que el orden jurídico se refiere a las normas aceptadas en la ley, o bien, supuestas como requisitos de la convivencia en sociedad para imponer un orden de acuerdo a los diversos intereses sociales. Se puede decir que el instrumento de la justicia social es lo razonable e imparcial, mientras que el instrumento del Estado es la coacción para defender los diversos intereses reales existentes en una sociedad.
Desde un punto de vista histórico la Justicia social es un concepto aparecido a mediados del
siglo XIX, referido a las situaciones de desigualdad social, que define la búsqueda de equilibrio entre partes desiguales, por medio de la creación de protecciones o desigualdades de signo contrario, a favor de los más débiles.[1] [2]
La justicia social remite directamente al derecho de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, en especial los trabajadores, al goce de los derechos humanos sociales y económicos, conocidos como derechos de segunda generación, de los que ningún ser humano debería ser privado.[1] [2] Para graficar el concepto suele decirse que, mientras la justicia debe ser ciega, la justicia social debe quitarse la venda para poder ver la realidad y compensar las desigualdades que en ella se producen.[3] En el mismo sentido se ha dicho que mientras la llamada justicia "conmutativa" es la que corresponde entre iguales, la justicia "social" es la que corresponde entre desiguales.
La idea de justicia social está orientada a la creación de las condiciones necesarias para que se desarrolle una sociedad relativamente igualitaria en términos económicos. Comprende el conjunto de decisiones, normas y principios considerados razonables para garantizar condiciones de trabajo y de vida
decentes para toda la población. Involucra también la concepción de un Estado activo, removiendo los obstáculos que impiden el desarrollo de relaciones en igualdad de condiciones.
El filósofo argentino
Alejandro Korn sostiene que la justicia social es un ideal que solo puede definirse a partir del hecho concreto de la injusticia social.[4] Algunos estudiosos,[5] sostienen que el concepto «justicia social» se corresponde con la «justicia distributiva» de Aristóteles, en tanto que la noción de «justicia conmutativa» del estagirita, corresponde a la idea clásica de justicia, en la sociedades modernas.
Entre los temas que interesan a la justicia social se encuentran la
igualdad social, la igualdad de oportunidades, el Estado del bienestar, la cuestión de la pobreza, la distribución de la renta, los derechos laborales y sindicales, etc.
Se denomina moral o moralidad al conjunto de creencias y normas de una persona o grupo social determinado que oficia de guía para el obrar (es decir, que orienta acerca del
bien o del mal —correcto o incorrecto— de una acción o acciones).
La moral son las reglas o normas por las que se rige la conducta de un ser humano en relación con la sociedad y consigo mismo. Este término tiene un sentido positivo frente a los de «inmoral» (contra la moral) y «amoral» (sin moral). La existencia de acciones y actividades susceptibles de valoración moral se fundamenta en el ser humano como sujeto de actos voluntarios. Por tanto, la moral se relaciona con el estudio de la libertad y abarca la acción del hombre en todas sus manifestaciones.
«No existen fenómenos morales, sino sólo una interpretación moral de los fenómenos» (
Friedrich Nietzsche).
La palabra «moral» tiene su origen en el término
latino mores, cuyo significado es ‘costumbre’. Moralis (< latín mos = griego ‘costumbre’). Por lo tanto «moral» no acarrea por sí el concepto de malo o de bueno. Son, entonces, las costumbres las que son virtuosas o perniciosas. La moral podría definirse también como «la suma total del conocimiento adquirido con respecto a lo más bueno a lo que una persona se apega».
Los
antiguos romanos concedían a las mores maiorum (‘costumbres de los mayores’, las costumbres de sus ancestros fijadas en una serie continuada de precedentes judiciales) una importancia capital en la vida jurídica, a tal grado que durante más de dos siglos (aproximadamente hasta el siglo II a. C.) fue la principal entre las fuentes del Derecho. Su vigencia perdura a través de la codificación de dichos precedentes en un texto que llega hasta nosotros como la Ley de las XII Tablas, elaborado alrededor del 450 a. C.
Los conceptos y creencias sobre moralidad son generalizados y codificados en una cultura o grupo y, por ende, sirven para regular el comportamiento de sus miembros. La conformidad con dichas codificaciones es también conocida como moral y la civilización depende del uso generalizado de la moral para su existencia.
La moral también es identificada con los principios religiosos, y los valores que una comunidad está de acuerdo en respetar.
Laicismo

Laicismo es la
corriente de pensamiento, ideología, movimiento político, legislación o política de gobierno que defiende, favorece o impone la existencia de una sociedad organizada aconfesionalmente, es decir, de forma independiente, o en su caso ajena a las confesiones religiosas. Su ejemplo más representativo es el "Estado laico" o "no confesional". El término "laico" (del griego λαϊκός, laikós - "alguien del pueblo", de la raíz λαός, laós - "pueblo") aparece primeramente en un contexto cristiano.
El concepto de "Estado laico", opuesto al de "
Estado confesional", surgió históricamente de la Separación Iglesia-Estado que tuvo lugar en Francia a finales del siglo XIX, aunque la separación entre las instituciones del estado y las iglesias u organizaciones religiosas se ha producido, en mayor o menor medida, en otros momentos y lugares, normalmente vinculada a la Ilustración y a la Revolución liberal.
Los laicistas consideran que su postura garantiza la
libertad de conciencia además de la no imposición de las normas y valores morales particulares de ninguna religión o de la irreligión. El laicismo es distinto del anticlericalismo en cuanto no condena la existencia de dichos valores religiosos.